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Mi segunda FIV: la transferencia

Hola, queris. Empezamos rutina de post todos los miércoles así que hoy os quiero contar cómo fue la transferencia. Ya os conté en la entrada anterior cómo había ido la segunda FIV - fecundación in vitro- hasta este momento así que sigamos, ¡venid aquí a mi vera!


Me programaron la transferencia para mi día favorito del año... ¡el Día del Libro! Vamos, no podía ser más fácil ir ilusionadísima esta vez entre esta coincidencia y el hecho de que teníamos 5 embriones. Bueno, si todos habían  aguantado hasta el día de la transfer. En este punto surgía la siguiente duda: ¿y ahora qué? Ya había firmado en el consentimiento que te dan al principio del tratamiento que el máximo de embriones eran dos por transferencia y en la primera transferencia al tener solo un embrión no había habido duda pero, ¿y ahora? La posibilidad de tener dos bebés de una me gustaba y horrorizaba a partes iguales, no os voy a engañar. 


Tampoco sabía si esto lo iba a decidir la ginecóloga o íbamos a tener nosotros la última palabra. Así que el día de la transfer allí nos plantamos abiertos a todo. Ya me había dicho la gine en el último control que por mi peso -muy bajo- y por la endometriosis a lo mejor no me recomendaría poner dos embriones si es que los había. Me había dicho que había preparado "un nidito perfecto" y que con un embrión bueno nos valdría así que también me hice a la día de hacer una transferencia de uno solo. 

Así que llegó el día de la transferencia y me dejaron elegir. Me dijeron que habían llegado los cinco embriones: uno de calidad B y los otros cuatro de calidad C y buenos. Solo estaba con la enfermera y la bióloga y me dijeron que yo podía ponerme los que quisiera (nunca más de tres). Tres, ¿sabes? 


Teniendo en cuenta que ese día pesaba 50kg, mi querida endometriosis y que había leído que no quedaba claro si era mejor o no poner uno o dos embriones pues nos quedamos con el embrión de calidad B. Además, pregunté qué pasaba con el resto. Puede que esta pregunta la hiciera quince veces y tanto enfermera como bióloga me contestaran las quince veces con amor y paciencia, puede. 

Los embriones se congelaban pasados un par de días, me llamarían y me dirían los que se habían podido congelar y después: 
  • Si el tratamiento no funcionaba: los teníamos para siguientes transferencias
  • Si el tratamiento funcionaba: los teníamos para volver a intentar un segundo embarazo

Esta segunda opción me parecía tan idílica que no me lo podía creer, de ahí que preguntara quince veces. Aunque yo siempre había querido dos peques, viendo esa posibilidad pues decidí poner mi salud por delante y tener un embarazo sin muchas complicaciones, si sonaba la flauta. 

Después de hablar con ellas me tocó esperar a la gine que me iba a hacer la transferencia. Allí estuvimos un ratillo hasta que me llamaron de nuevo. 

Pasé al potro y empezó el jaleo porque yo es que no puedo dejarles trabajar ni un día a esta gente, de verdad... 

No había forma humana de pasar el catéter este con el que hacen la transferencia. No entraba. Con cuidado, a lo bruto, con paciencia y sin, no había forma de meterlo. Me enseñaron en todo momento lo que estaba pasando. Por donde tenía que pasar este microtubo había una pared que no podían atravesar fruto de la endometriosis y el destrozo que me ha hecho. Habían sacado el embrión pero lo tuvieron que volver a guardar porque no podían hacerme la transferencia. La gine con todo el cuidado del mundo intentando entrar, la enfermera intentando cambiar la postura pero la gine le decía que no, que yo estaba bien y pasándolo fatal. Me soltó un "ay, Paola, a ver si te quedas embarazada y te podemos arreglar todo esto ya" que demostraba que lo estaba pasando igual que yo, aunque no fuera malestar físico. A mí ya se me saltaban las lágrimas y ellas ya no sabían qué hacer, no podíamos parar, ahora era el momento y les dije que no se preocuparan que aguantaba el dolor. Al final entró, no sé si cómo y volvieron a pedir el embrión. Lo siguiente fue magia. 

No recuerdo que en la primera transfer se viera tanto. En este caso, me fueron enseñando cómo iba entrando el embrión y vi un puntito minúsculo blanco atravesar esa barrera casi infranqueable que había levantado mi cuerpo y quedarse en el nidito al otro lado. Ahí se me juntó el llanto por el dolor y el dolor por otra cosa... 


Me dejaron un ratillo allí en mi pose favorita y después me comentaron lo de siempre: no ejercicios bruscos, no levantar peso... Yo aproveché para preguntarles si podía ir a la playa, porque a lo mejor nos íbamos unos días y recuerdo el "No, no puedes, ¡¡¡DEBES!!!" de la enfermera. Me dio muchísima tranquilidad y a los dos días nos fuimos a la playa a descansar y no hacer nada. 

Cuando llegamos a casa llegó el momento: ¿¿y cómo llamamos a este embrión?? Claro, el primer embrión que me transfirieron había sido bautizado como Chembrion y para este necesitábamos otro nombre. Finalmente fue: Embrión LeBron. ¿Cómo llegamos a esto? Bueno, pues teníamos cinco embriones en total por lo que pensé ¿qué tiene también cinco componentes? Un equipo de baloncesto. Bien, es un embrión B por lo que necesito a un jugador con la B. Y ahí me vino LeBron y a Ángel le gustó también. Además la transferencia se hizo el día 23 y LeBron... 


Después progesterona cada ocho horas hasta el día de la beta, programada para el día 7 de mayo. Me planteé que esta vez no haría ningún test antes (era fácil porque no me quedaba ninguno en casa) y que estaba embarazada hasta que alguien que demostrara lo contrario. Después de todo lo que había costado hacer la transfer, este embrión se tenía que quedar, sí o sí. 

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