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El de los gatos.

Foto de наталья семенкова en Pexels

Publiqué este texto en Twitter hace unas semanas y gustó bastante así que os lo dejo por aquí también. (Voy a mantener la estructura de Twitter)
Hoy he pasado el día en casa de mi madre en el pueblo y se nos ha hecho bastante tarde entre limpieza y montaje de muebles nuevos. 
El caso es que cuando me volvía a casa ya era noche cerrada. La verdad que he entendido hoy perfectamente eso de que estén pidiendo una carretera digna para el pueblo porque es que he pasado un miedo... 

Y mira que me gusta conducir bajo cualquier circunstancia. De hecho, me flipa conducir con niebla cerrada de esa que no ves nada a más de un par de metros. Pero bueno, que hoy ha sido distinto. Creo que también ha influido la Luna, que hoy también daba miedo. ¿La habéis visto? 

Bueno, que me subo al coche, veo la Luna nada más arrancar y ya como que me iba dando cosica. Parecía que iba a pasar algo raro. Y vaya sí ha pasado. 

Por favor, quiero dejar claro que, aunque soy súper miedosa e impresionable, no creo en esas cosas típicas de Cuarto Milenio y demás. Así que no me creería este hilo si me lo estuvierais contando a mí. 

Bueno, que me subo al coche, veo la Luna con ese color anaranjado rojizo que tenía hoy y pienso "joder, qué mal rollo". Avanzo unos metros y veo una sombra que cruza delante del coche. 

Pego un frenazo, con la inmensa suerte de que no venía nadie detrás, y de pronto un gatazo enorme me mira con unos ojos amarillos destelleantes mientras me saca los dientes. Bueno, os prometo que me he asegurado de que llevase las puertas cerradas por si acaso, jajaja. 

Sigo con el susto pero bueno, cosas que pasan. Al llegar al siguiente cruce ME PASA LO MISMO. Otro gato, o el mismo, no sé, que se tira a cruzar por delante del coche. Iba en la misma dirección que el otro así que creo que era uno distinto. Este no me ha mirado. 

Ya me da la risilla floja. "Venga, me estoy montando una paranoia que no veas. A ver si llego a casa y me acuesto que llevo todo el día sin sentarme." 

Me acerco lentamente a la salida del pueblo. Lentamente porque hay unos badenes que ya me hicieron saltar hace poco la matrícula, literalmente, por ir a 25 km/h aprox. Bueno, que voy lentamente y me da tiempo a frenar para esquivar a tres (3) gatazos que van tan tranquilos. 

Esta vez, hasta se me cala el coche de los nervios. Me han mirado los tres gatos como si estuvieran en una competición de natación sincronizada. ¿Pero cuándo habéis visto a tres gatos cruzando a la vez una calle? 

Y eran tres gatos adultos. Nada de bebés ni nada. Tres señores gatazos que iban en la misma dirección que los anteriores. Han cruzado y me ha costado dos intentos arrancar el coche. 

Entro entonces en la carretera y ahora sí, ya voy cagada del todo porque la oscuridad es tremenda. Parece que me he metido en una cueva. Aunque la carretera es de 80, me doy cuenta de que voy a 50-60. Intento acelerar pero es que no puedo. 

Me tiemblan tanto las piernas que me cuesta hasta conducir. Aún así, sigo con la risilla floja porque un idiota no deja de serlo ni en los peores momentos. 

Entonces, lo veo, una luz en el retrovisor. Un fogonazo. Ha durado menos de medio segundo pero ya no hay nada. Miro a todos los retrovisores y ni rastro de ninguna luz. Pienso que será el cansancio. No pasa nada. 

Nunca se me había hecho tan larga esta carretera que creo (de memoria) que son unos 5-6 km. Empieza una canción en la radio que me gusta mucho y me relajo un poco mientras comienzo a cantarla. 

Pero la radio se apaga. Vale, es la primera vez que me pasa, pero la verdad es que muchas veces al arrancar el coche, la radio no se enciende así que no le doy mucha importancia. Entre comillas, porque el miedo ya lo llevo dentro con tanto susto. 

Y otra vez veo un fogonazo. Esta vez ha durado un par de segundos pero, otra vez, todo está súper oscuro alrededor. Compruebo que el retrovisor no esté en la posición esa para evitar que te ciegue el de atrás, pero nada, todo parece normal. 

Pero yo estoy ya a estas alturas acojonada, no os voy a engañar. 

Entonces veo algo raro, me estoy acercando al puente que hay en obras y que cruza por encima de la carretera así que he bajado la velocidad por costumbre, y noto que algo se mueve justo debajo del puente. 

Me cago en mi vida. Cuatro, cinco, seis o siete gatos, yo qué sé ya. Están cruzando en la misma dirección que los de antes. Del frenazo paro el coche, que se me vuelve a calar, por cierto. No estoy orgullosa pero tampoco avergonzada. 

Me quedo ahí un par de segundos (que se me hacen infinitos), mirando una "manada" de gatos cruzar la carretera, ¿por qué? Ni idea pero es hipnotizador. Empiezo a intentar arrancar el coche mientras siguen cruzando (porque sé que me va a costar con el tembleque). 

Y antes de poder arrancarlo, OTRO FOGONAZO. SÚPER, SÁCAME DE AQUÍ YA, NO QUIERO JUGAR. 

Un nuevo fogonazo que dura como cinco o seis segundos, qué sé yo ya a estas alturas que me tiemblan partes del cuerpo que no sabía que tenía. Un fogonazo que hace que todos los gatos se paren y miren en esa dirección (detrás de mi coche) y, por tanto, a mí. 

Y entonces veo un montón de ojos amarillos mirándome y cuando empiezan a andar hacia mí, se hace la oscuridad total de nuevo. Y no veo nada. Y MI COCHE DECIDE QUE ES UN BUEN MOMENTO PARA NO ARRANCAR, ME MUERO YA, POR DIOR SANTO MÍO. 

No se enciende. No arranca. Solo escucho el tacatacataca que os resultará familiar si habéis intentado arrancar algún coche sin batería alguna vez. Podría ocultarlo pero pa qué, a esas alturas ya me he echado a llorar. Y entonces lo he oído. 

Había algo encima del coche. 

Se oían varios ruiditos en el techo. Tiqui-tiqui-tiqui por aquí, tiqui-tiqui-tiqui por acá. Mira, que no puedo con la vida ya. 

Bueno, pues que estaba yo allí preguntándome (en esos dos o tres segundos, o quinientos, quién sabe) por qué no profeso ninguna religión que vaya a salvarme cuando mi coche ha decidido arrancar. Se encienden las luces y delante: NADA. Absoluta y dolorosa nada. 

¿Qué he hecho? Pegar dos puñetazos al techo y pitar un par de veces. Vale, podré estar rodeada de gatos satánicos pero no quiero atropellar a ninguno. Después de eso creo que he puesto el coche a 80 en un segundo o menos. 

Un par de segundos después, la radio ha vuelto a funcionar y justo en ese momento, he visto una luz delante que me ha deslumbrado. Por suerte, solo era un idiota con las largas puestas. Un idiota al que le he gritado "TE QUIERO, IDIOTA", al cruzarnos. 

Detrás de él venían varios coches (ya sin las largas) que me han devuelto a la normalidad de siempre. He salido de esa carretera haciéndole una peineta y a ver cómo le digo ahora a mi madre que no voy al pueblo más. FIN. 

                                       

Comentarios

  1. Creo que te eligieron como su reina......o su presa. Con los michis pueden ser cualquiera de ambas cosas, incluso a la vez.

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